El
carbono posee número atómico 6 y, por ello, su configuración electrónica es: 1s2 2s2 2p2. En principio tiene valencia II,
sin embargo mediante un proceso de hibridación de enlaces adquiere valencia IV.
Esto le permitirá formar cuatro enlaces covalentes.
Esto
le va a permitir formar largas cadenas carbono-carbono mediante enlaces simples (-CH2-CH2) o dobles
(-CH=CH-), así como estructuras cíclicas.
Pueden
incorporar una gran variedad de radicales (=O, -OH, -NH2, -SH, PO43-), lo que
da lugar a una variedad enorme de moléculas distintas. La química del carbono es muchísimo más variada que la de la materia inorgánica.
Los
enlaces que forma el carbono son lo suficientemente fuertes como para formar
compuestos estables, y a la vez son susceptibles de romperse sin excesiva
dificultad.
Por
esto, la vida está constituida por carbono y no por silicio, un átomo con la
configuración electrónica de su capa de valencia igual a la del carbono.
¿Y por qué no el silicio?
El
hecho es que las cadenas silicio-silicio no son estables y las cadenas de
silicio y oxígeno son prácticamente inalterables, y mientras el dióxido de
carbono, CO2, es un gas soluble en agua, su equivalente en el silicio, SiO2, es
un cristal sólido, muy duro e insoluble, por lo que su accesibilidad para la química de los seres vivos (sustancias disueltas en agua), está muy limitada.




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